lunes, 14 de mayo de 2007

ENTREVISTA A JUAN MONROY

MONROY, DESDE SU OTRO CORAZÓN


—Incluso cuando habla parece que todo lo piensa, que lo medita profundamente. Sus ojillos de saurio brillan por cada respuesta sobre una ciencia que lo apasiona. “Yo soy profesor, maestro” repite, no obstante. Fue en un desayuno previo a una de sus conferencia. Uno americano para el cronista. ¿Usted no se sirve algo, doctor? Sí sí, manzanilla nomás, gracias—

Cuando apenas su rostro empezaba a quemarse por el sol, se escapaba a ‘pata calata’ al muelle del puerto, y se sentaba en su orilla a patalearle a las horas. “Era la etapa de la irresponsabilidad ingenua, pues maestro”, recuerda emotivo. “Donde uno es inmensamente feliz, sin ninguna carga”. Era el último de una familia de trece hermanos. Terminada la secundaria ya tenía claro que sería profesor: “Es algo que amé, amo y amaré intensamente”. El provinciano se fue a Lima e ingresó a la Universidad Garcilazo, graduándose en el ’70 en la especialidad de Filosofía y Ciencias Sociales. Y sucedió que a sus dieciocho años (dos años antes de terminar la carrera) ya era profesor auxiliar —en turno de noche—, de Lógica Matemática, de algunos de sus maestros en otras universidades. Veinteañero se traslada a Piura invitado por una escuela marista y por la Universidad. Entre sus cursos de Lógica, Sociología, Economía, Filosofía y Didáctica de la Sicología, empieza a divisar la marginalidad del docente. “Hay un momento en los ’60 o ‘70’s en donde el Estado renuncia totalmente a darle el valor que corresponde al Sistema Educativo. Veo también que la gente que sigue educación ya no busca una profesión, sino una forma de tener rápidamente un ingreso, es decir, se perdió la vocación, la mística... y la educación se masifica para mal”.
Pero, además, el jovenzuelo profesor se identificó demasiado con las lucha de los trabajadores municipales, con los problemas de los pueblos jóvenes y con un filón de carencias de aquellas tierras. “Hubo un momento en que por el trabajo de campo que realizaba, junto a un sacerdote español, ya no era muy bien visto por el sistema”, cuenta. “No me quedaba otra alternativa que salir de Piura. En ese momento decido que el tema de la educación, las cosas con las cuales sueño están envilecidas, no veo instrumentos útiles desde la educación para ser forjados; y así empiezo a ver el Derecho fundamentalmente como un instrumento de liberación, de compromiso con los valores, con las cosas por las cuales yo creo”. Lo que sigue es su regreso a Lima y su ingreso a Derecho en la PUCP a la edad de 26 años: “El tema era estudiar intensamente, mis clases eran de 8 a 1 p.m.; yo llevaba una vianda, me sentaba en el jardín a comer, me iba al baño a asearme, y de 2 a 9 de la noche me internaba en la biblioteca; en vacaciones eran jornadas de 12 horas de investigación, de fichar, de leer... ”. Hoy, Juan Federico Doroteo Monroy Gálvez (53), natural de ‘Pisco playa’ y referente obligado en el circuito jurídico, ha reemplazado la brisa por el sosiego de su biblioteca —más de 8 mil títulos—, y las horas las pasa en sus clases, dictando conferencias o escribiendo libros.


—Sus lecturas más apasionadas que recuerde.
—Ehh...
—Algún libro especial que...
—Ud. sabe que el tema es muy curioso, pero libros de Derecho con gran capacidad formativa, no; yo más bien entro al Derecho por la Sociología, por la Filosofía, osea, hay otros libros en los cuales se había tocado el Derecho, Weber fundamentalmente, entonces yo notaba que estaba entrando a estudiar una ciencia absolutamente superficial, construida con conceptos, una ciencia que renunciaba a la realidad, que simplemente contrastaba con ella, y me enseñaban que cuando la realidad fuese distinta del Derecho, el Derecho se imponía, lo cual es una cosa que siempre me ha parecido demencial, por eso es que renuncio permanentemente a analizar el Derecho con estructuras funcionalistas.
Y en todo caso, cómo definiría el Derecho desde su parecer. Quiero decir, para muchos resulta un cuento bonito, un conjunto de normas, etc.
—Hoy en día lo que tenemos es un Derecho presupuesto. El Derecho es una construcción teórica, forjada a partir de un sistema normativo, de conductas, regularmente importadas, cuyo ingreso se afirma a través de la legislación, inclusive se alienta con conceptos tales como “lo novedoso”, “lo último que se está haciendo”, y a partir de criterios como esos se ha plasmado en la sociedad peruana un Derecho incompatible con nuestra idiosincrasia, es como un traje que se ha ido mal acomodando en el pellejo nuestro.
—¿Y entonces?
—Allí está, listo para ser transformado, listo para ser dinamizado, desde una concepción pluralista, desde la Economía, la Sociología, desde la Sicología social, desde la política, para construir un Derecho que sea nuestro, que se amalgame a como somos y fundamentalmente a qué queremos ser.
—¿Diría Ud. que es un Derecho sub desarrollado el que vivimos aquí?
—No, lo que intento decir es que este Derecho no es correspondiente con lo que necesitamos para saber qué somos y qué queremos ser; osea, hay un Derecho pre supuesto, no un derecho puesto. El Derecho puesto es el que surge a partir del análisis de lo que su sociedad necesita como fenómeno normativo, como necesidad de interrelacionar personas, instituciones, cuyo funcionamiento sea eficaz, esa lógica del Derecho no aparece en el Derecho patrio, pues Ud. permanentemente se encuentra con decisiones judiciales absolutamente correctas, que recogen una institucional tal como está, pero Ud. siente el sabor amargo de la injusticia; entonces uno se pregunta ¿por qué pues?, si el Derecho ha sido impecablemente empleado. Eso es producto de que el Derecho es, sencillamente, de origen importado.
—¿Sin embargo, qué le agrada más de ser abogado?
— Yo soy profesor, maestro, el abogado es una anécdota, yo soy profesor, osea, lo otro está allí dando vueltas (lo dice girando sus brazos con energía), lo que hago en este congreso o en otro lado es ser profesor, lo de abogado, en serio, es una coyuntura que apareció, que me es muy útil, me gusta como profesión, pero lo que yo quisiera ser lo fui a los 18 o 19 años, que es ser profesor.
Bien, alguien comparaba al Poder Judicial como un “huesero forense”, al cual van los que no tiene otro lugar donde ir. Ud. con qué lo compararía...
—Mire, el tema es que al P.J. va a llegar el estado patológico del tejido social, osea, cuando un hijo quiere de una vez hacerse de la herencia, quiere de una vez interdicto al padre, y el viejito no está para ser interdicto, entonces él va a encontrar un abogado que le va a preparar el documento, que va a procurar encontrar a un juez que declare que su padre es un incapaz. Estos ejemplos demuestran cómo las personas expresan lo pero de sí en un proceso. Esto es así por que ese P.J. es permanentemente alimentado por una sociedad ganada por el consumo, por la ambición, la riqueza, y que eso quiere protocolizarlo en una sentencia judicial; entonces, me da pena que las cosas estén mal en el P.J., pero me da mucha más pena que la sociedad no entienda que el P.J. no puede ser algo distinto de lo que ella es. Entonces no es pues “esta sociedad noble, buena, etc.” y “este P.J. asqueroso”, eso me parece muy injusto.
—¿Y los abogados?
—Sí, así como me parece injusto el análisis que se hace de achacarle todas la culpas al juez, hay una punta de truhanes, representado sobretodo por el abogado de foro. La mezcla es infernal, ¿no?, pero yo nunca he visto —y habré trabajado más de 3 mil o 4 mil casos—, no recuerdo haber visto un caso de un juez indecente, que pudo expresar lo pero de sí, es decir su inmoralidad, cuando los dos abogados que estaban en el caso no lo eran. Oiga, ¡a Ud. lo invitan, maestro!, un juez lo invita: “Doctor, pero esto puede salir así... es más rápido”, ¡por Dios, qué te está diciendo!, ¿no es cierto?, entonces, el tema es “ah, esto significa tanto, tanto para mi cliente, y entro”, entonces entras una vez y entras siempre.
—Ud. alguna vez ha sido magistrado...
—He sido juez suplente y vocal superior suplente, una experiencia lindísima, muy importante para mi, hermosa; yo recuerdo que mis vacaciones las he tomado cuando me he vuelto juez suplente, osea, quise dar de mí lo mejor; porque para mí el haber sido juez suplente ha sido usar mis vacaciones para ejercer la judicatura y yo noto que es imposible que como abogado una pueda ser mejor que juez.
—¿En serio?
—No hay manera de hacerlo, osea, es la realización última de mi persona. Lamentablemente es muy frustante por la ausencia de apoyos indispensables, pero es una experiencia verdaderamente hermosa.
—¿De veras?, Osea, a pesar de todo lo que vío, lo que seguramente padeció...
—Sí, sí, sin duda. Yo tengo un problema de futuro, y es que mi hijo (Juan Monroy Palacios, el mayor de sus tres hijos, de 27 años), a quien tanto amo, que ya es abogado, que ya tiene un libro, y ha hecho un pos grado en Italia, y que creo que largamente va a ser —si ya no lo es—, el mejor procesalista del país, tiene como mayor anhelo ser juez...
—Ah, caramba...
—Sí, y entonces ahí voy a tener problemas porque es exactamente lo que yo quiero también, y como no me interesa afectar su carrera pues probablemente yo me quede esperando un buen tiempo, Ud. sabe por razones familiares, etc., que son barreras normativas un poco estúpidas, ¿no?, porque es obvio que si él participa en un caso no voy a participar yo ¿no?, pero, en fin, eso me hace autolimitarme y ya no tener claro cuándo me meta de juez, pero yo voy a acabar de juez, ese va a ser mi futuro.
—¿No le decepcionó el P.J.?
—No no, nada maestro, sería un malhablado, por allí la falta de apoyo, traer mi propia computadora, comprar mis hojas, pero.. en esos 2 o 3 meses que viví era tener conciencia de cómo era el asunto.
—Esta reforma emprendida por el Ejecutivo, el Ceriajus, ¿le merece alguna confianza?
—Maestro, lo que pasa es que a estas alturas de la vida es imprescindible confiar en lo que ocurra. Hay que creer hasta el momento mismo en el cual haya que renunciar a esa creencia...
—Es usted bastante optimista
—Mmmm, no precisamente, mire que curioso, pero sí creo que cuando la tenue luz de un cabito de vela le dice que allí se puede luchar contra la oscuridad, acérquese a ella, y pelee y proteja ese cabito, ¡hasta que se acabe pues maestro!, pero no vaya a escupirlo, no vaya a soplar porque eso es malo ¿no?
—Esta vez la sociedad civil jugará un partido importante
—lo que se ha producido es una discusión de opereta. Los jueces dicen no necesitamos a nadie que no seamos nosotros para hacerlo, lo cual es una estupidez completa porque no tienen formación ni tienen capacidad para hacerlo; por otro lado, esta percepción de que desde fuera se tiene que hacer el cambio porque los que están adentro son unos perfectos inútiles, es también una posición extremista. En el Ceriajus, si Ud. advierte, hay un solo juez cuyo voto sólo va a ser dirimente, osea que en los casos regulares no va a votar; entonces, si de 16 personas... ¿verdad? Esto es un insulto porque no se trata de que no estén, sino de que estén en la cuota necesaria.
Pero además pasa por una decisión política, ¿no?, osea, de alguna manera quisiéramos que se tome al toro por las astas, digamos, desde un arranque ¿no?
—Cierto. Pero se sigue discutiendo la conformación de esta comisión, y todo el mundo pasa por alto que para el 2004 el Estado, con un cinismo impresionante, le ha dado al P.J. exactamente el mismo monto del año anterior, es decir que la demanda masiva de justicia no ha sido un tema significativo para un cambio, entonces ya no sé si la voluntad de cambio del Ejecutivo sea auténtica.
—Toledo no tiene autoridad para liderar la reforma.
—No, definitivamente. Es un incidente lamentable que hemos tenido en nuestro retorno a la vida democrática y casi casi, como un castigo del infierno, lo que queda es que acabe, porque no acabe es realmente peor que cualquier cosa que pueda hacer.
—Y su gobierno en general, ¿cómo lo está viendo?
—-Hay una cosa a favor de Toledo: el avisó lo que iba a hacer, él dijo que iba a practicar una economía de mercado con rostro humano y eso es algo que no existe. Todo esto pasa en nuestros países pobres, salvo el caso de Cuba. Toledo perfecciona el sistema, es simplemente un yanqui en ejercicio.
—¿Alan lo haría mejor?
—Cuál Alan pues, porque el que fue, ¡no! porque presenta severísimas dudas éticas, es una persona que, al margen de los grandes errores políticos, que pueden ser disculpados —aunque yo no creo que la estatización de la banca fue un error... fue un error que él no creyera intensamente, y creo que le faltó pasión para llevarlo adelante—; pero a nivel personal, una persona que ha vivido en lugares exclusivos, y que sobre eso haya una explicación dudosa, me parece preocupante.
—¿Y este Alan, cercano al 2006?
—Bueno, yo no sé porque tendría que ser distinto ¿no?, osea, creo que hay una cosa inteligentísima que el ha hecho, que es aceptar que los cuadros de su partido son absolutamente insuficientes, y creo que eso es bueno porque no están, no lo estuvieron, a la altura de las circunstancias, y la mejor prueba es lo que pasa hoy en los gobiernos regionales, que ha sido una suerte de puñalada a su credibilidad y para todo el partido.
Volviendo, cuando lo del caso Zaraí y Silva Vallejo, qué sensación le produjo...
—Bueno, terrible —y lo digo en un artículo—, porque conocí el recurso de casación que fue concedido, absolutamente irregular, no solamente ilícito sino antijurídico, pues las excepciones solamente son pasibles de este recurso cuando, al ser juzgadas ponen fin al proceso. Sin embargo, Silva Vallejo y compañía concedieron este recurso de manera absolutamente irregular y en esa calidad todo lo que hubo es, no una injerencia del Ejecutivo, sino una predisposición del judicial a inclinarse al Ejecutivo e intentar solucionarle su problema, lo cual considero que, de todas las formas de sumisión, esta es la peor porque suavemente se somete... ¡terrible!, yendo a su casa y todo...
—Pobre Silva, ¿no?
—Yo creo que se lo merece
—¿Ud. litiga mucho doctor Monroy, le gusta la defensa?, a pesar de...
—Amo litigar, me encanta, me encanta, me gusta muchísimo. Y los triunfos los vivo con intensidad...
—Pero cómo triunfos, sin en realidad el P.J. es algo inexplicable, impredecible...
—Es que, es que no es así pues. Una cosa es que en determinados contextos se produzcan algunos fallos irregulares, y otra cosa es la concepción que es el castillo del infierno, donde todas las cosas salen mal. Eso no es cierto, no es cierto. En el P.J. yo conozco jueces cuya calidad personal, cuya cultura jurídica es absolutamente excepcional, son de gente de inmensa calidad; no están donde debieran estar, sí probablemente, pero ya estarán pues, osea, ya esto se convierte en una cuestión de fe ¿no?, pero en el P.J. hay gente destacadísima mi amigo.
—Pero son los menos ¿no?
—Sí, los sé... probablemente, porque la franja más amplia debe ser de aquellos que no son ni corruptos ni lúcidos, sino son jueces nada más, esa es la franja que hay que ir ganando progresivamente.
—Cómo nace su preocupación por el proceso
—Bueno, cuando estuve en Católica los estudiantes de Derecho eran estudiantes que buscaban mantener el sistema (Derecho Tributario, Mercantil, Empresarial, esas cosas), cultivada por un sector de gente pudiente, que ingresaba a ser abogado para perfeccionar el sistema; y de otro lado, había gente de izquierda, preocupada por los derechos laborales, Derecho Penal, etc, que se supone defendían a las clases populares. Creo que ambos tienen una concepción conservadora del Derecho. La diferencia es que los primeros lo sabían y los segundos no, porque el Derecho no puede ser visto como una herramienta asistencialista pues, no es para “ayudar al pobre”, sino con esto hay que transformar al pobre, hay que reivindicar a la persona carenciada, darle dignidad, y esto no se logra dándoles algunas mejoras a partir del Derecho Laboral o del Derecho Penal, sino reivindicando sus derechos, que los conozca, que sepa que son vida regular suya; esta dimensión distinta de los derechos fundamentales se logra a través del proceso. Eso es un poco la razón.
—El C.P.C., en gran medida es hechura suya ¿no?
—Bueno sí, hay algunas cosas mías ahí...
—Cómo evalúa sus primeros 10 años de vigencia.
—El Código ha sido traicionado por los gobiernos, nunca le dieron el apoyo necesario, pero, si bien tenemos un instrumento de lujo, debe haber un apoyo elemental, creo que ello puedo explosionar hacia mejores cosas, pero ahí está... ahora hasta ridiculizado porque, por ejemplo, me da pena cuando veo profesores de Derecho Procesal que repiten los artículos de memoria, en fin... Hay una sensación cartesiana de que las cosas ya están dadas y que lo que hay que hacer con el Derecho es aprehenderlo, no transformarlo, y eso me duele, me causa pena.
—Cuál es el futuro del proceso
—Creo que será por mucho tiempo más el instrumento por excelencia para la solución de los conflictos y las incertidumbres, y el control de las conductas antisociales en una sociedad contemporánea; no sé cuántos siglos más, pero sin duda lo va a ser. (2004)





“Mi corazón es Infinito”

- Lo que más le disgusta de un abogado.
Que solamente vea sus ingresos, que sea un corrupto, un cínico.
- ¿Es un hombre fiel?
Hasta donde se puede ser.
- ¿Se ha drogado alguna vez?
Yo, jamás.
- Su artículo favorito del C.P.C
El VI del TP
- Si tuviera un hijo gay
Lo amaría intensamente como amo a mis tres hijos.
- ¿Qué es para Ud. el dinero?
Un fetiche
- Le gustan los ternos caros ¿no?
Todo lo que uso me lo compra mi mujer.
- Un sueño no relizado
Hacer un libro de Introducción al Derecho que se llame “El revés del Derecho”.
- Cuál es el tamaño de su corazón
Infinito y de color blanquiazul.
- ¿Le teme a la muerte?
En absoluto.

viernes, 13 de abril de 2007

ENTREVISTA A NELSON MANRIQUE

"TOLEDO DEBE SER ENJUICIADO AL FINAL DE SU MANDATO"


Lo encontramos conversando animadamente con un grupo de alumnas en su pequeña oficina de la Facultad de Ciencias Sociales de la PUCP. “Ya pues, Nelson”, le decía una con cariño, intentando convencerlo de repartir galletitas cuzqueñas en su próxima clase, al final de una exposición sobre la diversidad cultural peruana. Nelson Manrique, sociólogo e historiador, parece tener una paciencia infinita con sus alumnos, y nunca se calla nada en las entrevistas, menos cuando se trata de política. En esta, además, gesticula como un niño enfafado, sin máscaras.


—¿Cómo explicaría el Perú a un extranjero?
—Diría que se trata de un país muy diverso, geográfico, cultural, socialmente hablando. Muy complejo y al mismo tiempo muy rico. Con una crisis económica no resuelta desde hace tres décadas, que genera una permanente inestabilidad. En segundo lugar, con una profunda crisis de representación que hace que el país no encuentre una institucionalidad política que le permita funcionar consistentemente, tener metas a mediano y largo plazo, y que hace que mucho de los esfuerzos se esterilicen por falta de concertación.
—¿La idea de una nación continúa siendo una utopía? ¿Cuánto de esto encuentra su explicación en los traumas de la colonia?
—El problema es que no ha habido un intento serio de romper con el pasado. En un primero momento las élites gobernantes se sentían identificadas con el orden colonial, y no tenían mayor interés en modificas esa dinámica. Se crea una república –formal, porque es un 10% de la población que la constituye, y hay un 90% de la población indígena que no es considerada ciudadana-; entonces es una contradicción porque una república es el gobierno de todos, con participación de todos. O sea, era toda una paradoja.
—Hay frases patéticas como la de Nicolás de Piérola (citado por Ricardo Palma) que decía que “el Perú estaba conformado en su mayoría por una raza abyecta y degradada”. ¿Los cholos nunca participaron del gobierno porque no estaban preparados?
—… Sí. Bueno, esa es una carta que Ricardo Palma envía a Nicolás de Piérola después de la derrota en la batalla de San Juan. Creo que es una frase que expresa los prejuicios de un estado criollo que ignora lo que sucede en el interior, que tiene la oportunidad de ver indios sólo cuando son traídos a Lima. Ahora, la ausencia de formación en los estratos mayoritarios tiene que ver con lo que decía hace un momento: La ausencia de derechos. Hay una especie de pacto implícito de no permitir que los indios accedan a la educación para garantizar un Estado de dominación colonial interna.
—¿Indios o cholos, Dr. Manrique?
—Depende de la región, ¿no? Creo que en La Libertad, por ejemplo, pensar en indios, ehh… Se tiene la idea de que no existen. Algo ha cambiado con el descubrimiento del Señor de Sipán y todo lo que esto ha generado. En Chiclayo hay mucha gente que reclama ancestro indio, pero no sé en qué medida esto haya impactado en Trujillo y en La Libertad. En el sur sí podemos hablar de indios, y se ve como distinto un cholo y un indio, mientras que en el norte no hacen mucha diferencia.
—Pero sigue teniendo una connotación peyorativa, ¿no?
—También puede ser cariñosa, por ejemplo en el trato de pareja: Cholito, cholita linda, etc. Pero socialmente, en efecto, sigue teniendo un uso peyorativo a pesar que hoy se habla de un orgullo cholo, un empresariado cholo…
—… Un presidente cholo, ¿no? Toledo se valió un poco de este discurso. ¿Cómo cree que ahora se sentirán los Apus?
—Profundamente frustrados, seguramente. Es un gobierno que en los hechos ha seguido gobernando para los mismos grupos de poder. Tiene el logro de haber conseguido buenos resultados macroeconómicos pero en términos más profundos, la situación de la población no se ha modificado.
—¿Hay un racismo también en las críticas contra el presidente?
—Yo creo que existe un sustrato racista que era previsible, es decir, el racismo está enraizado, y sólo necesita la oportunidad para que se exprese en prejuicios. Pero a eso Toledo ha añadido un importante componente de desatinos, torpezas, etc., que lo han convertido fácilmente en un personaje vulnerable.
—Algunos dicen que no lo dejaron gobernar, que Fujimori y Montesinos, por ejemplo, estuvieron siempre tras bambalinas.
—Eso podría decir Toledo, supongo. Pero creo que él ha hecho bastantes méritos para salir mal. No necesitaba que sus enemigos trabajaran contra él porque él mismo trabajaba en su contra.
—¿Qué debe ocurrir con Toledo cuando termine su mandato?
—Debe ser enjuiciado por el caso de las firmas falsas de su partido, pues creo que tiene responsabilidad. Creo que esto no debe ser negociado con otras fuerzas políticas y luego venga el borrón y cuenta nueva. Sería perjudicial para la democracia.
—Cómo ha visto el papel de los medios de comunicación.
—Primero, no puedo juzgar de la misma manera a El Comercio, Expreso y La Razón. “Los medios de comunicación” es una categoría demasiado genérica. Hay un sector alienado con Fujimori que indudablemente tiene interés en destruir el sistema democrático. Pero hay que observar que tienen margen para hacerlo, precisamente, porque hay un conjunto de errores y fracasos acumulados que dan espacio a este tipo de trabajo.
—¿Los peruanos somos fácilmente influenciables?
—Creo que eso es un mito. Si fuésemos fácilmente influenciables Fujimori no hubiese ganado el año ’90, y no se hubiese visto obligado a huir el 2000 dado que los medios estaban controlados. Si realmente fuéramos influenciables Fujimori continuaría siendo presidente del Perú.
—Qué lecciones nos deja este gobierno
—Creo que más allá de la lección particular del gobierno, viendo los últimos veinte años, lo que se constata es que en el Perú la democracia representativa está agotada. Pero lo preocupante es que las cosas no van a cambiar con una nueva elección. Nadie tiene la expectativa de que Alan García o Lourdes Flores vayan a hacer algo sustantivamente distinto. Paniagua se ha desinflado electoralmente, y creo que responde a esa misma sensación de desencanto.
—Esto ha llevado a Ud. a decir que el Perú es inviable en el mediano plazo. ¿No es esto peligroso?
—Yo no he afirmado que sea inviable en el mediano plazo. Lo que he hecho es constatar que organismos vinculados a los poderes imperiales creen eso, y he dicho que eso tiene consecuencias. Puede ser viable o inviable de acuerdo a lo que nosotros hagamos y, más allá de lo que opinen EE.UU. y sus asesores políticos o militares, el problema es es qué hacemos nosotros. Y he dicho que si el Perú desaparece como nación será principalmente por nuestra responsabilidad
—Si le dijera que Alan García puede volver a ser presidente del Perú, ¿allí su frase sí cobraría un sentido peligroso?
—Bueno, hay ciertos actos fallidos que son muy expresivos ¿no?, por ejemplo, la patada que capturó tanto la imaginación de la gente: Porque había sido pues un trabajo de maquillaje muy largo para decir me equivoqué, yo era muy joven, ya soy otro, etc., y de repente en un pequeño detalle vuelve a aparecer como es. La verdad, no creo que haya cambiado. Tampoco sería catastrofista en el sentido de si se elige a Alan García se acaba el mundo. Hay una frase de Federico Helguera, del s. XIX, que tiene mucha sabiduría. Llegó un barco con gente enferma de tifus, y había pánico porque se temía que podría desatarse una epidemia en Lima, y Helguera calmó los rumores diciendo: “En Lima hasta la peste se acojuda” (sonrisas).
—¿Qué le parece su propuesta de un frente social?
—No sé de qué habla cuando habla de frente social. Si es prometer a los empresarios que va a hacer la política de Pinochet, y al mismo tiempo prometer a los obreros una política pro obrera, definitivamente eso no es un frente social. Eso es vender cebo de culebra.
—Cómo ve las movidas de la derecha peruana.
—Por una parte ha sido muy floja en términos de no constituirse propiamente como derecha, sino más bien en apostar a los mandaderos. Es típica la actitud de los grupos de poder de apostar a los tres primeros. Se constata que pusieron plata para Fujimori, pero también pusieron plata para Alan García y para Lourdes Flores. ¿De qué se trata? Simplemente de clientelizar a los políticos. Un problema actual es que no está claro quién puede representar mejor a la derecha. La que apareció como candidata natural, Lourdes Flores, se ha despintado: una encuesta de la Católica le da 7% y creo que es su porcentaje real. Hay otros que están intentando llenar ese espacio como Rafael Belaunde, Drago Kisic, y otros tradicionales como el Opus Dei, con la figura de Rafael Rey. En tanto no haya una hegemonía la derecha está dividida, y no serán los políticos los que tendrán la iniciativa sino la derecha económica.
—¿Pedro Pablo kuczynski sería un buen cliente, digamos?
—Hasta ahora coquetea con la posibilidad, pero presiento que se le ve mejor como ministro que como presidente.
—¿Hernando de Soto?
—Bueno, él es el que más desea ser presidente. Quizá su propia ansia sea su mayor problema. Es un personaje pragmático que ha asesorado a todos los gobiernos, salvo al de Paniagua; y como Paniagua no lo contrató desde entonces odia a Paniagua. Pero estoy seguro que si en un próximo gobierno Paniagua lo contrata, seguramente sería su hincha. Es un poco el intelectual todo terreno.
Pero las propuestas de su instituto siguen siendo interesantes, ¿no?
—Veinte años creo que es un buen tiempo para juzgar la debilidad de una propuesta y constatar que el empresariado no despega. Más del 90% de ese empresario popular del que él habla, en realidad es gente que sobrevive con oficios de auto subsistencia. Trabajan con un capital tan reducido que simplemente les alcanza para sobrevivir pero de ninguna manera para reinvertir. Eso no es capitalismo.
—Sin embargo, es todo un icono de la derecha…
—Bueno, un funcionario del BM lo decía muy bien: Antes hacíamos esas cosas con mala conciencia, ahora tenemos la justificación para hacerlas, convencidos de que estamos apostando al desarrollo.
—¿Qué tal una mujer en la presidencia? Prácticamente es la estrella en las encuestas.
—Creo que es bueno vacunarse de la ilusión. Por un tiempo hubo la ilusión de que las mujeres eran la solución para todo. Allí entraron Martha Chávez y compañía, y demostraron que también pueden ser manipuladoras, autoritarias, corruptas. Lo que quiero decir es que tanto hombres como mujeres tenemos semejantes virtudes y defectos. Yo, particularmente, si tuviera dos candidatos con iguales méritos, sin duda votaría por una mujer. Pero si me dicen que debo votar por ella simplemente por el hecho de ser mujer no lo haría.
Por último, por qué Ud. nunca se ha animado a entrar a la política.
—Creo que cada uno va encontrando su espacio, y no creo que la política sea el mío.
—¿Le tiene miedo?
—A lo que le tengo miedo es a perder el tiempo, y siento que lo perdería estando en política. (2005)

miércoles, 4 de abril de 2007

ENTREVISTA A RAÚL FERRERO

"SIEMPRE ME VAN A ENCONTRAR DEL LADO DE LA CONSTITUCIÓN"

Se inicia en la docencia dictando cursos de Acto Jurídico, Reales y Obligaciones. El año ’75, a sugerencia –según reconoce- de Javier Pérez de Cuellar, se le ofrece un trabajo en la Comisión de Derechos Humanos (hoy Alto Comisionado) en Naciones Unidas, a partir del cual comienza a interesarse profundamente por los temas del Derecho Constitucional. A su regreso de Ginebra, su tiempo lo divide entre la enseñanza casi exclusiva de esta materia, y la producción de libros que recogen sus ensayos e intervenciones. Su ingreso a la política se da el año ’90, llegando a ser Senador de la República, en las filas del movimiento de Mario Vargas Llosa. En esta entrevista, el Dr. Raúl Ferrero Costa, de familia de juristas y con más de uno trabajando para este Gobierno (él mismo es voceado habitualmente para diversos cargos públicos), repasa sus años de enseñanza, su experiencia parlamentaria –truncada por el autogolpe del ’92-, y sus posiciones frente a algunos temas políticos que se debaten en el país.


—Son más de treinta años en la docencia, Dr. Ferrero. ¿Algún recuerdo especial de sus primeras clases?
—Bueno, yo comencé enseñando de noche en San Marcos, y la primera promoción que me tocó enseñar tenía como 600 alumnos: se hacían llamar la “la mancha de los 600”. Era un grupo muy radicalizado pues los grupos de izquierda eran muy poderosos; y sin embargo, con esta promoción tuvimos una relación tan estrecha que después, cuando terminaron, me hicieron su padrino. Fue una experiencia linda pero también difícil porque para conocer a los alumnos les tomaba examen oral y, Ud. comprenderá, me faltaban horas para terminar. Fue una buena experiencia y un buen inicio.
—¿Es verdad que Ud. alguna vez ha plagiado un libro?
—Nunca, nunca, eso es absolutamente falso.
—Me dieron una información según la cual César Hildebrandt en uno de sus programas…
—No, yo le digo una cosa, en todos mis libros, que son muchos, Ud. puede leerlos, verlos… lo que yo creo es que más bien en la labor académica uno debe ser muy riguroso con las citas, y si alguna vez no hay una cita bien puesta en algún artículo, se debe rectificar en el siguiente pues lo que vale en el trabajo académico es la investigación que se hace, y sobretodo el esfuerzo de dar a los alumnos lo mejor de nuestras enseñanzas para que ellos aprendan a pensar.
—Bien, qué sabor le dejaron sus dos años de trabajo en el Congreso.
—Me sirvió de mucho para aprender de cerca cómo es que se hacen las leyes, y segundo, compartir con mis colegas del Senado no solamente experiencias políticas, sino también la defensa del sistema democrático, cuando asume la presidencia Alberto Fujimori y era visible que a él le incomodaban los organismos de balance de poder. Como fue elegido con una bancada pequeña en primera vuelta, se trabajó mucho en el Congreso para armar una oposición constructiva, y tan constructiva fue, que se le dio las presidencias de las Cámaras de Diputados y Senadores en el primer año, para que se consolidara más el gobierno y el sistema democrático; y el segundo año, la oposición nombró a un presidente de la oposición para que coordinara bien con el Gobierno, sin embargo esto no fue bien entendido por el Presidente Fujimori, y vino el autogolpe.
—Un autogolpe que sin embargo tuvo un respaldo popular bastante importante ¿no? ¿Cómo lo explica?
—Primero, la prensa era muy crítica con el trabajo parlamentario como lo es ahora… Ehh, bueno hoy en día lo es mucho más, claro, pero ese Congreso, en términos generales, era de muy buen nivel, donde se debatía alturadamente, se hacía mucho trabajo de comisiones, por ejemplo, yo recuerdo la Comisión de Justicia, donde nos reuníamos y debatíamos proyectos muy importantes. Era un trabajo sumamente provechoso…
—Pero esa no era la percepción de la ciudadanía, además estaba el Poder Judicial que…
—Sí, el problema del Poder Judicial era más agudo. Se quería un reforma radical del PJ. Había muchas críticas en esa época al Tribunal de Garantías Constitucionales, había insatisfacción por sus últimas resoluciones, en fin; pero, principalmente, y en esto no éramos conscientes del todo en el Congreso de la República, lo que se estaba dando era una participación muy clara del SIN en el manejo del Gobierno y en la influencia sobre Fujimori. En realidad, el autogolpe del 05 de abril es organizado desde el SIN. Nosotros, más preocupados en la labor democrática, no percibimos esto, y la verdad es que el golpe nos sorprendió a todos.
—Pese a todo, y mirando el retrovisor, qué rescataría del gobierno de Fujimori.
—Lo bueno es que puso orden. Logro que el aparato público pudiera organizarse operativamente con mayor eficiencia. Y ocurre, como con todos los gobiernos autocráticos, que los primeros dos o tres años la población lo que quieres es ver orden, y en ese orden es que se va volviendo más autocrático, y llega un momento en que los gobernantes se sienten dueños del país; entonces, vienen los atropellos, los abusos, tal como ocurrió a partir de la primera reelección el año ’95.
—Hablando del gobierno de Toledo, a la mitad de su Gobierno yace casi borrado del mapa.
—Bueno es que ha habido una acumulación de expectativas muy grandes. Después de la salida de un gobierno autocrático tan cerrado como el de Fujimori, tras el breve periodo del Dr. Paniagua, cuando asume Toledo las expectativas son tan grandes que el Gobierno no supo canalizar, y –creo que éste es el primer defecto del Presidente- Toledo trató de gobernar únicamente con sus propias fuerzas. En una reapertura democrática debió pensarse en organizar un Gobierno más amplio. Esto ha permitido que se engrandezca un oposición que no han entendido que su rol es criticar con propuestas, y esto ha generado un sensación de desgobierno como las que tenemos hasta ahora, y al Presidente Toledo le ha faltado liderazgo para conducir un nave en aguas tormentosas y agitadas.
—¿No cree Ud. que sería mejor que deje el poder, como muchos reclaman, dado que supone un riesgo demasiado alto para la democracia?
—Pero constitucionalmente es difícil. Mire, cómo es que deja el Gobierno por causal de vacancia, si las causales que dicta la Constitución son muy específicas, y no hay ninguna causal de vacancia, ninguna, hasta ahora.
—Este apoyo que le da a Toledo en los círculos académicos, no es por qué tiene algunos miembros de su familia trabajando para este Gobierno.
—(Risas). Bueno, Ud. sabrá que somos una familia muy unida pero no necesariamente todos pensamos igual. Yo tengo algunos primos hermanos colaborando con el Presidente Toledo, pero en mi caso personal mantengo mi independencia, y más allá de defender el sistema democrático y los principios del Estado de Derecho, no tengo ningún compromiso con el Gobierno ni quiero tenerlo. Lo que sí defiendo es el régimen constitucional, pero… (Risas) el hecho de tener familiares en el Gobierno no hace que yo esté con el Gobierno.
—Permítame esta pregunta: Qué opina Ud. de aquellas voces que dicen que el Perú, desde su época republicana, viene siendo gobernado por un grupo de familias, por una oligarquía…
—Esa es la misma acusación que se hace en Colombia, ¿no?, de que finalmente los mismos apellidos circulan en distintos Gobiernos. Es una crítica también en Costa Rica, en Chile… Ehh, eso es bueno y malo. Es bueno que existan familias cercanas a la cosa pública, pero lo importante para una democracia es que exista renovación. Tienen que renovarse las generaciones en el quehacer público, y si bien hay un grupo de familias que tienen interés en colaborar con algunos Gobiernos, lo importante es que lo hagan si el Gobierno se ajusta a los propios principios que cada uno defiende.
—¿No es Ud. oligarca?
—Nunca lo he sido… (Risas).
Volviendo al tema Dr. Ferrero, se ha sugerido que Toledo siga el camino…
—Perdón perdón, yo no creo en la oligarquía, no creo en la oligarquía. Lo que creo es que más bien todo Gobierno debe buscar a la gente que mejor puede aprovechar, de acuerdo a sus propias capacidades.
—Ok. Le decía que Toledo podría seguir el camino de Sonia Ghandi, que por tanta presión, dejó el poder a su Ministro de Economía después de unas semanas de haber asumido.
—Bueno, lo que podría hacer el Presidente Toledo es nombrar a un Consejo de Ministros integrado básicamente por independientes pero consensuado con la oposición, y lograr de esta forma acuerdos que permitan una mayor sostenibilidad del Gobierno, porque si sigue con esa aceptación tan baja y no hay un verdadero cambio, el riesgo es que el sistema democrático peligre. Forzar una renuncia del Presidente, o un paso al costado como lo planteó El Comercio implica que el Presidente deje que su Presidente del Consejo de Ministros ejerza más funciones y que él se mantenga como Jefe de Estado pero sin estar tan metido en el día a día…
—Lo cual sería pedirle demasiado considerando que no ha ocurrido a estas alturas de su mandato.
—No creo que sea pedirle demasiado sino que sea realista pues con una aceptación tan baja, lo natural es que integre a sectores de la oposición para ejecutar las políticas del Gobierno, y de esta forma se sostenga mejor la democracia.
—¿Qué le parece una Asamblea Constituyente?
—En estos momentos no sería conveniente pues ya tenemos demasiados problemas, pero creo que no debe descartarse que el próximo Congreso tenga facultades constituyentes a partir del 2006, o que se pueda pensar en una Constitución en el último año de Gobierno, cuando ya no haya riesgos de golpes de Estado. Tal vez al final, pero ahora crearía más confusión e inestabilidad.
—Supongamos que llegamos sin traumatismos al 2006. Paniagua, Lourdes Flores o García. ¿Por quién votaría Ud?
—Bueno es adelantarse mucho, ¿no? Yo tengo amistad con los tres. Con el Dr. Paniagua; mi excelente relación con Lourdes Flores; con Alan García hay una relación muy cordial, pero creo que… (Piensa) el 2006 nos puede deparar algunas sorpresas.
—¿Aceptaría Ud. integrar alguna de las planchas si alguno de sus buenos amigos se lo propone? ¿Eso también podría ser una sorpresa, no?
—No tengo interés, no está en mis planes integrar planchas presidenciales. Ud. siempre me va a encontrar del lado de la defensa del sistema democrático y la defensa de la Constitución. (2004)



viernes, 16 de marzo de 2007

ENTREVISTA A NICOLÁS LYNCH

"SOMOS ANTOLOGICAMENTE MALOS"


Fue Ministro de Educación del primer Gabinete de Alejandro Toledo, y se le recuerda por la herejía de intentar una reforma a fondo en el sector educativo, que nunca pudo materializarse pues “pisaba muchos callos”. Pero sus críticas y propuestas siguen en pie, tanto como su voluntad de mantenerse en la escena política. Así lo encontramos luego de una de sus conferencias sobre problemática educativa, que viene dictando en diversos lugares del país. Nicolás Lynch Gamero, sociólogo y analista político, juega sus cartas desde la “izquierda democrática”, y es uno de los más visibles del Partido Democrático Descentralista (PDD). Con este movimiento se prepara para las elecciones del 2006, y el tema educativo es uno de sus fuertes, aunque a veces se le sale el indio, mejor dicho, el irlandés. Helo aquí.


—Dr. Lynch, hablar sobre los problemas de la educación supone una serie de lugares comunes pues es uno de los temas sobre diagnosticados de nuestro entorno. La primera pregunta es si frente a esta realidad, patética por donde se la mire, hay posibilidad de mejoras.
—Las posibilidades son exclusivamente políticas. Depende de la voluntad política para cambiar la educación. La verdad es que no tiene sentido preocuparse del tema educativo porque no rinde réditos electorales, al punto que hay un abandono en el discurso político, lamentablemente. En los últimos años se han presentado unos cambios importantes al respecto: por un lado el proceso de globalización, que nos obliga de manera perentoria a preocuparnos de la producción de conocimientos; y también por las demandas que existen de parte de quienes reciben y se ven defraudados por el servicio educativo. Esto ha hecho que cambien un poco las coordenadas del diagnóstico del problema: ya no es el tema de la cobertura, la cantidad de maestros, colegios, presupuesto, etc. lo más importante, sino que también empieza a haber una reflexión sobre los resultados, es decir, sobre el servicio que se brinda. Y la verdad es que es de muy mala calidad, en otros de pésima calidad y de poca utilidad para desempeñarse en la vida. La educación en nuestro país no cumple la función de equidad e integración que son funciones en cualquier sistema educativo.
—Un deporte muy nuestro es buscar culpables antes que soluciones. ¿Quiénes nos han llevado a estos extremos?
—Yo creo que básicamente la incuria de la clase política. El desinterés que existe por el tema que ha agudizado el problema hasta ponernos a la cola de América Latina.
—Cuál cree que es el peor indicador del sistema educativo.
—Yo creo que hay dos. Por un lado los rendimientos, que son de antología: por ejemplo los niños de sexto grado de la escuela rural andina, quechuhablante, tienen un promedio de cero por ciento en comprensión de lectura. Le estoy citando una cifra del propio Ministerio de Educación. De los 43 países que rindieron la prueba PISA el año 2002, el Perú quedó en el puesto 43, con el 90% de los que rindieron la prueba en el rango más bajo de comprensión. Digamos, somos antológicamente malos. Por otro lado, que tengamos una dirigencia marxista leninista en el gremio magisterial, que es algo único en el mundo (se ríe).
—¿No comparte usted esas ideas?
—Bueno, son ideas reaccionarias pues, ¿no? Yo soy un hombre de izquierda. Cómo voy a compartir ideas de derecha. El marxismo leninismo, luego de la caída del muro de Berlín, es un partido de derecha más que defiende, como en este caso, el statu quo en el sector educación. Ellos no quieren que se toque nada porque cualquier cosa que se toque supuestamente perjudica las pequeñas ventajas que han logrado. Entonces, yo creo que hay que terminar con esa influencia que yo denomino en mi último libro “el pensamiento arcaico” ([1]), donde señalo la influencia totalmente perniciosa de este pensamiento.
—Para algunos el gobierno de Fujimori despertó ciertas expectativas de reforma en algunos tópicos educativos. ¿Por qué no han funcionado esos enfoques constructivistas, el Plancad, las reformas curriculares, etc?
—Yo no creo que haya motivado expectativa, creo que eso es mentira. Lo que hubo fue una llegada del Banco Mundial que tomó el control del Ministerio de Educación, incluso físicamente porque tenían un ala en el Ministerio con choferes y portero incluido. Los resultados han sido más bien pobrísimos: los 300 millones de dólares que se gastaron en el proyecto de primaria, que son 300 millones que debemos los peruanos, han tenido resultados desastrosos. Ni expectativa ni nada. Allí están los resultados.
—Cuán determinante es el tema del presupuesto en este sector. Estudios señalan que algunos países han demostrado tener mayor eficiencia con una asignación relativa.
—El presupuesto va de la mano con el programa. Si usted tiene sólo presupuesto es como echarle agua a una canasta: el agua se cae. Si usted le pone dinero a este aparato educativo no serviría de nada. Usted tiene que tener mayor presupuesto con programa de reforma. Usted tiene que cambiar las cosas al mismo tiempo que invierte más. Nosotros estamos en un nivel tal bajo de inversión que necesitamos, ciertamente, mucha más inversión; pero tiene que darse a la par con un programa de reforma.
—El presidente Toledo prometió ser recordado como el presidente de la educación. ¿Cómo cree usted que debiera ser recordado?
—Bueno, yo creo que es una pregunta que no debo responder dado que he sido su ministro. Lo que sí puedo decir es que…
—Usted ha dicho que su gobierno es decepcionante…
—Lo que sí puedo decir es que no se han cumplido con las promesas que hizo el gobierno al respecto, y en cuanto al programa de reforma educativa no se ha dado el dinero correspondiente en los últimos dos años; de manera que el programa de reforma educativa es una farsa.
—Cuando usted fue uno de sus ministros, ¿le veía voluntad para iniciar alguna reforma?
—(Piensa) De palabra sí, pero no de obra. De palabra sí. Las veces que conversé con él se mostró colaborador, abierto, entusiasta incluso.
—Qué es lo que más le preocupaba.
—Bueno, él compartía este diagnóstico de la baja calidad, etc. Me apoyó en términos verbales, repito, sobre la reforma que llevamos adelante ese primer año, pero en la provisión presupuestal no hubieron frutos. Seguimos en la misma restricción que viene desde hace más de 15 años.
—Y en su caso, ¿qué obstáculos encontró en el camino?
—En mi caso, por un lado, el bajo presupuesto; de otro lado, la exigencia de la gente de Perú Posible por más puestos de trabajo.
—Usted prefirió gente de izquierda, ¿no?
—¡Obviamente! ¿De dónde vengo yo políticamente?
—De la izquierda, por supuesto.
—Entonces, ¿con quién tenía responsabilidad política? Con el pueblo que me había puesto ahí, ¿no es cierto? Era el momento de demostrar que desde la izquierda democrática se podía hacer algo en ese sector.
—¿No era muy egoísta plantear asuntos de izquierda, cuando la idea era buscar alternativas que beneficien a todos?
—De ninguna manera, de ninguna manera. Al contrario, la idea era asumir la responsabilidad política.
—Y no cumplió, no pudo hacerlo...
—Por supuesto que lo hice. Fui el primer ministro en 25 años que puso un programa de reforma educativa, después del gobierno militar.
—¿Y por qué lo sacan?
—Me sacan precisamente porque pisaba demasiados callos.
—Y por su enfrentamiento con el SUTEP, ¿no?
—Con un sector de Patria Roja, sí.
—Qué crítica podría hacerle al SUTEP, en perspectiva.
—Yo creo que es abusivo hablar de SUTEP. Hoy en día hay 3 grupos distintos en el sindicato. Uno que responde a Patria Roja, otro que dicen que responde a Sendero, otros llamados “democráticos”, con variedad de puntos de vista. La medida más complicada que tomamos en mi gestión fue el examen a los maestros, que recibió el apoyo de aprox. 12 bases regionales del SUTEP. Pocos ministros de educación han tenido tanto apoyo del sindicalismo magisterial organizado como en mi gestión. No confunda usted la posición de Patria Roja con la oposición del SUTEP, por eso le digo que eso es abusivo. Ahora, sí creo, como lo digo en mi libro, que hay una influencia ideológica que no sólo responde a Patria Roja, Sendero, Pukallacta, que es en los últimos 30 años la influencia ideológica más importante en el sector educación, y que yo considero que es el principal problema con el que hay que terminar para que pueda proceder una reforma educativa.
—La izquierda radical del SUTEP es también responsable de cómo está hoy la educación.
—Eso es lo que le he dicho. Yo sistematizo en este libro este punto de vista como “pensamiento arcaico”, y considero que para resolver los problemas estructurales hay que librarnos de ese pensamiento.
—¿El SUTEP debería hacer un mea culpa?
—Señor, no nos estamos entendiendo en esta entrevista, y si no nos estamos entendiendo no vamos a ninguna parte…
—¿Qué no le estamos entendiendo?
—En el SUTEP hay varios sectores…
—Pero el SUTEP tiene una dirigencia determinante, ¿no es la de Patria Roja?
—Así es. Hay una mayoría pero que es desconocida por los otros. Hay una realidad de mosaico, a eso me refiero.
—En todo caso, cuál cree que debe ser el papel del SUTEP para los próximos años.
—No me toca determinarlo a mí sino a los maestros. Yo quisiera que hubiera un sindicato fuerte, si es posible unificado, pero con una perspectiva moderna, o sea, a favor de una reforma educativa, con sus propios puntos de vista en temas como capacitación, carrera magisterial. Lo que sí creo que es malo es que exista un gremio que se oponga a los temas de reforma educativa, por la urgencia que tiene la reforma para el país.
—Carlos Alberto Montaner ha dicho recientemente que de nada serviría que los estudiantes destaquen en matemáticas o lenguaje, si es que no cuentan con instituciones fuertes y valores que los guíen. Cuánto peso deberían tener estos elementos.
—En la reforma que yo busqué llevar adelante se señalaba que había que promover la formación de niños y jóvenes como ciudadanos con capacidades para producir bienestar. O sea, el eje estaba en formar ciudadanos.
—La universidad también palidece frente a otros modelos latinoamericanos, y sin embargo el gobierno sigue creando más. ¿Qué futuro le ve a la universidad peruana?
—Ninguno. Yo creo que devienen en almacén de estudiantes. Las mejores quizás son centros de entretenimiento de la juventud desocupada, pero como centro de producción de conocimientos no tienen ningún futuro. Justamente en mi gestión formamos la Comisión para la Segunda Reforma Universitaria, que presidió el actual ministro de Educación Javier Sota Nadal. Ellos hicieron un diagnóstico, que es quizás el más completo que se haya hecho. Sin embargo, esto fue muy mal recibido por los rectores de las universidades, porque a partir de la llamada “autonomía” creen que nadie puede opinar sobre ello. Afortunadamente a la hora que Sota entró reavivó la Oficina de Coordinación Universitaria y el proyecto de segunda reforma, que sigue recorriendo el país motivando debates sobre el tema universitario. La es crear una opinión pública favorable a una reforma de fondo en la universidad peruana, particularmente de la universidad pública. Hemos estado en muchos lugares del Perú con este objetivo, Huánuco, Huancayo, Huacho, Cuzco, Tacna, Piura, Pucallpa, etc. Los temas que se discuten van más allá de arreglos cosméticos como la no reelección del rector, elección universal, que en algunos casos pueden ser buenos para solucionar determinadas coyunturas, pero que no le dan salida al tema de la universidad en su conjunto.
—Todas estas propuestas las postulará también en las próximas elecciones, supongo.
—Bueno, yo soy político desde los 17 años. He participado en todas las elecciones en que he podido desde ese momento, y por supuesto que voy a participar en las próximas. Téngalo por seguro. (2005)


[1] El pensamiento arcaico en la educación peruana. Edit. UNMSM. Lima 2004.

sábado, 3 de marzo de 2007

ENTREVISTA A ALBERTO BOREA



SOY UN HOMBRE QUE EVOLUCIONÓ A LA MUERTE DE HAYA

Era un sábado por la noche de aquellos años y ambos se contaban entre los invitados a un fastuoso matrimonio de dos compañeros del partido (la boda Urizar – Arias), en la iglesia San Antonio de Padua. Haya de la Torre se sentó junto a él y, en plena ceremonia, le comenzó a platicar del antiimperialismo que descollaba, de los asuntos del partido, de los jóvenes, entre otras cosas que el viejo maquinaba en su mente. De pronto, el joven, católico y practicante al fin, se vio obligado a pararlo en seco: “Jefe, con todo respeto, pero estamos en frente de Dios”. Víctor Raúl miró con asombro a aquel muchacho, meditó tamaño atrevimiento, volteó, y no volvió a hablarle durante toda la misa.
El mozuelo insolente era Alberto “Tito” Borea, ya se había decidido por el Derecho, y no tendría más de 17 años.

—¿Cómo así por el Derecho Constitucional?
—Desde el primer año en la Católica, con un profesor magnífico que fue Domingo García Belaunde, y también por mis inquietudes políticas que las tenía desde muy niño. Yo era sobrino de Manuel Odría y, naturalmente, en casa se hablaba bastante de política; de ahí comencé a interesarme mucho por el quehacer nacional.
—¿Usted cree que los abogados pueden llegar a ser completamente felices?
—Sí, cómo no, por supuesto, a pesar que uno lucha siempre por la justicia y ésta no siempre se alcanza, creo que la felicidad está en tratar siempre de hacer lo que uno pueda y en estar bien consigo mismo.
—Hernando de Soto dijo alguna vez que el Derecho en el Perú es subdesarrollado. ¿Qué le parece?
—Bueno, sin duda el Derecho tiene los problemas propios de un país en subdesarrollo, por ejemplo en el Perú existe un exceso de positivismo, generado especialmente por la recurrencia de las dictaduras a gobernar el país, que hace que las personas no se atrevan a mirar los principios y valores que son los que informan a las normas. Como dice el evangelio “la letra mata y el espíritu vivifica”.
—¿Algún buen chiste de abogados?
—No, no recuerdo, no recuerdo.
—¿Usted sabe por qué los tiburones no atacan a los abogados?
—(Risas) porque tiburón no come tiburón será...
—(Risas) o por cortesía profesional ¿no?
—(Risas).

—¿Usted sigue siendo aprista?
—No, soy un hombre que evolucionó a la muerte de Haya. Lamentablemente, el partido derivó hacia una posición ideológica con la cual yo estaba en desacuerdo, que fue considerar al comunismo como la izquierda responsable. Además me aparté por un problema organizativo, en tanto que el partido venía siendo manejado por una cúpula y, finalmente, por su acercamiento a un personaje muy dudoso que al poco tiempo fue condenado por narcotráfico, que era Carlos Lamber.
—Sin embargo, y he sido testigo de sus encuentros con los seguidores de Fuerza Democrática, se llaman entre ustedes “compañeros” ¿no?
—Claro porque nosotros no tenemos por qué aceptar que un término que define una relación, sea utilizado en monopolio por una organización, es decir, nosotros somos compañeros porque nos acompañamos en un ideal, en consecuencia somos compañeros, que es un término de uso universal.
—Bien, también militó en el PPC desde el ’85...
—Claro, siendo yo de formación cristiana y democrática, me inscribo en esa línea, de la que por cierto aprendí muchísimo, especialmente de Roberto Ramirez del Villar y de don Mario Polar Ugarteche. Me separé del PPC cuando sentí que no había una vocación clara de lucha contra la dictadura, a la que yo comencé a combatir durísimamente; participé con Jaime Salinas en la insurgencia de noviembre del ’92, y en ese partido pidieron muchos mi expulsión.

—Posteriormente Ud. se exilia en Costa Rica, por lo que fue muy criticado, incluso Lourdes Flores lo llamó “autoasilado”...
—Sí, lamentablemente quienes aceptaron la tesis de Fujimori decidieron atacar a quienes éramos la voz de la conciencia porque demostramos, con el paso de los años, que teníamos la razón. La mayoría de partidos decidió seguirle el juego a Fujimori.
—No le hicieron mucho caso ¿no?, cuando pidió que dejaran de llamarlo como tal...
—No pero ya ves tú que hay que seguir en la lucha a pesar de que uno sienta que está solo.
—Ahora cómo habría de llamarlo.
—Bueno él es un prófugo, el prófugo Fujimori.

—¿Es verdad que usted siendo parlamentario pidió una vez la vacancia de Alan García?
—¿La vacancia de Alan García de la presidencia?
—Ajá...
—No recuerdo haber pedido la vacancia de Alan García de la presidencia.
Me he informado que estando AG en el extranjero, el permiso que le había dado el Congreso se le había vencido...
—Ahh, sí, fue un asunto, sí sí.. ya recuerdo...
—¿Le pareció exagerado?
—Ya, no ha sido en “Los años de lucha y la Fuerza Democrática” sino en “Vox Populi”, otro de mis libros. No, no me pareció exagerado, son los controles que en una democracia se ejercen; no nos olvidemos que AG fue un hombre, en su gobierno, de pensamiento muy voluntarista y que necesitaba del ejercicio de control de una posición con coraje.
—Qué fue para Ud. lo peor de la dictadura?
—La cancelación de la libertad, de la dignidad, del envilecimiento de la vida política y la misión con que mucha gente de comportó, incluso académicos como Trazegnies, como, lamentablemente mi compañero de promoción, Alberto Bustamante, que se entregaron a la dictadura...
—Valle Riestra también ¿no?
—Es un caso distinto porque Valle Riestra es un tipo al que le ganó la vanidad, sin lugar a duda, la pretensión de que él podía cambiar la dictadura; sin embargo creo que su actitud fue totalmente distinta a la de los demás porque él, estando en el poder, siempre dijo lo que pensaba, por eso duró sólo 40 días en el cargo.
—¿A Ud. nunca lo llamaron de Palacio?
—De qué Palacio.
—De Palacio de Gobierno cuando Fujimori.
—Bueno, más de una vez hubieron insinuaciones pero rechazadas ab initio, de tal manera que rápidamente entendieron que era una voluntad que no iban a doblegar.

—Por qué no una nueva Constitución.
—Porque los fundamentos constitucionales del ’79 no se han modificado, las columnas sobre las cuales se construye una constitución son casi las mismas, entonces, sino va a cambiar ninguno de los elementos esenciales, lo conveniente para el país es mantener su constitución histórica, y si hay que hacerle alguna reforma habrá que hacerle algunas reformas.
—¿Y qué le hace pensar que la mayoría de peruanos desea regresar a la vigencia de la carta del ’79?
—En primer lugar es una constitución hecha del consenso, en segundo lugar, es una constitución que permite la convivencia pacífica de los peruanos más allá de las ideologías y, en tercer lugar, no ha sido derogada sino que ha pretendido ser suplantada por un estatuto de excepción, que fue una imposición de Fujimori.
—¿El Perú no puede funcionar con la Constitución del ’93?
—La constitución es un sacramento, es el símbolo de un país, ¿no es verdad?, y es evidente que ése no puede ser el sacramento del Perú; el sacramento erigido sobre un golpe de estado, sobre la traición, sobre la mentira, no puede ser el sacramento que nosotros invoquemos todos los días al levantarnos. Éso no es una constitución, eso es una farsa.
—¿Pero Ud. defendió casos bajo esa farsa no?
—No no no, al contrario. Yo siempre, en todas mis defensas, siempre he citado los principios y artículos de la Constitución del ’79 repetidos en el documento del ’93, y así están todos mis escritos.
—Cómo proceder, de acuerdo al art. 307, que se refiere a la incautación de todo o parte de quienes participaron legitimando la Constitución del ’93...
—Conforme lo establece el mismo artículo, es decir analizando la participación de esos sujetos en actos delincuenciales, y ordenando la confiscación de todos sus bienes; claro que para eso hay que tener coraje.
—¿Este Congreso no lo tiene?
—No lo sé, pero hasta ahora en este punto no lo demuestra.
—Por qué cree que a este gobierno no le interesa mucho el tema de la constitución
—Lo que pasa es que Toledo no rompió el cordón umbilical con todo lo que venía del fujimorismo, porque se creyó eso del fujimorismo sin fujimori, las líneas económicas y ...
—Pero sobretodo porque Toledo juró también con la del ’93 ¿no?
—No, ya te dije, todos esos sucesos son hechos de fuerza; pasada la fuerza —como dice Rousseau en el Contrato Social— la fuerza ya no tiene que ser obedecida. Así es.
—Sin embargo admitirá que, así como otros temas de la constitución, se trata de asuntos políticamente debatibles y no rigurosamente aplicables...
—No no no no, yo creo que jurídicamente es muy claro, yo creo que no ha habido mucho coraje para quitarle la categoría de jurídico a lo que no era sino un hecho de poder; pero además ese documento además nunca constituyó nada, en realidad fue sólo una farsa para pretender engañar a los peruanos.

—Por qué desea ser Presidente del Perú.
—Yo soy presidente de un partido, Fuerza Democrática, que es el primer partido del s. XXI, y nosotros estamos formando un equipo que pueda contribuir al buen gobierno del país y trataremos de influir de la mejor manera para que las cosas se conduzcan con bienestar y certeza para todos los peruanos.
—Con la Presidencia de la República, ¿ya sería Ud. un político exitoso?
—No, yo creo que para ser un político exitoso debes plantear con claridad tus cosas al país, con coherencia; puedes no llegar a ser Presidente y ser, como fue por ejemplo Haya de la Torre, el político más importante del país, o como Héctor Cornejo o Luis Bedoya.
—¿Le han dicho alguna vez “pituquito”?
—(Piensa) es probable que me lo hayan dicho... puede ser pero eso no tiene nada que ver con la realidad, yo soy un hombre que siempre ha estado al lado de las luchas del pueblo, he defendido la libertad desde la época de Velasco, he defendido la libertad en la época de Fujmori, he defendido la libertad estando en el Congreso; lo que no he sido nunca es comunista.
—¿Aceptaría secundar a Ángel Delgado?
—Yo aceptaría secundar a cualquiera de mi partido, si mi partido decide en las elecciones primarias que alguien distinto a mí sea el candidato. Además, quiero decir que Ángel Delgado es un magnífico abogado, es una magnífica persona dentro del partido.
—Por el momento también un gran segundo ¿no?
—No es un gran segundo, es el Secretario General, y como tal es un de las personas más importantes del partido. El Presidente no es más que el Secretario General; como decía Ortega y Gasset, “los hombres no somos ni más ni menos ni igual que los demás, porque no somos cantidades, y en no serlo pon tu mejor esfuerzo”.



* * *

Tras los parabienes de rigor a los nuevos casados ante la iglesia, los invitados la abandonan para perderse menos frescos entre el asfalto y un familiar resguardo color panza de burro. El maestro inquiere al discípulo justo en la puerta: “Y a dónde te vas ahora”, “no sé Jefe”, le responde con cierto temor, “me voy a mi casa”. “No, tú vienes a conversar conmigo”, y se perdieron también bajo la griscitud limeña... (2004)



ENTREVISTA A FERNANDO VILLARÁN



EL EMPRENDEDURISMO Y LA POLÍTICA, SEGÚN VILLARÁN


Había publicado más de una docena de libros entre propios y colectivos, y se encontraba investigando el tema de las pymes cuando Toledo lo llamó para ocupar la cartera del Ministerio de Trabajo. “Me sacaron de la academia”, dice en tono irónico cuando se refiere a la interrupción de su vida universitaria para desempeñarse al frente del ministerio y probar los vaivenes de la política, que no le eran del todo ajenos pues se le recuerda –según cuentan sus amigos de juventud- como un vehemente dirigente de la Federación de Empleados Bancarios. Fernando Villarán de la Puente, Ingeniero Industrial de la UNI y master en Economía de la PUCP ha tenido desde siempre una fascinación por los temas de tecnología, creatividad y liderazgo en las pequeñas y medianas empresas. De vuelta a la academia, habla ahora del “emprendedurismo” en sus conferencias, reconoce que no ha sido un empresario exitoso, se reclama de centro, y está convencido que la inclusión de estos temas en la educación de los peruanos puede llevarnos a ser un país distinto en el siglo XXI. ¿Alguien habló de planeamiento estratégico?



—¿Qué es el “emprendedurismo”?
—Bueno, hay dificultad para definir el concepto en castellano. En inglés no hay ninguna duda, es “entrepreneurship”, y la traducción literal sería “el fenómeno empresarial”, o sea, todo lo que tiene que ver con el acontecer empresarial desde las características individuales de los empresarios, hasta las condiciones del entorno que propician el ser emprendedor, esto es, la ideología, los valores, etc. Nosotros nos inclinamos por la traducción al castellano como “emprendedurismo”, a diferencia de los argentinos que prefieren el término “empresarialidad”, que parece como más anecdótico de lo empresario.
—Alguna vez Pablo Secada nos dijo que para él la gran mayoría de empresarios en el país no eran emprendedores sino más bien rentistas. Él los llamó “empresaurios”. ¿Comparte esta visión?
—Interesante. Mire, en inglés no existe el concepto de empresario. En EE.UU. se les llama businessman o businesswoman, hombre de negocio, o mujer de negocio; y más bien cuando se dice “entrepreneur”, o sea emprendedor, es como decir la elite de los empresarios. Entonces allí hay una diferencia clara entre las personas que están en negocios, que están ganando plata, que compran, que venden, etc., y los que son verdaderamente innovadores, que son un grupo pequeño, selecto, que vienen a ser los “entrepreneurs”. En el Perú al llamar a todos empresarios les estamos dando una connotación emprendedora que no necesariamente tienen todos, de ahí que efectivamente muchos sean sólo mercantilistas, que fue un término que utilizó Hernando de Soto originalmente para referirse a los que no son emprendedores, sino a aquellos que sólo buscan una renta a partir de ciertos privilegios estatales.
—Qué características ve en los empresarios peruanos.
—Bueno, como en todos los lugares, muchos hombres y mujeres de negocios, si bien pueden ser clasificados como mercantilistas, también en el Perú hay emprendedores, tales como los Wong, Máximo San Román, Felipe Ortiz de Zevallos, todo ese grupo de pioneros en la exportación de espárragos, entre otros.
—Dionisio Romero, ¿qué clasificación tendría?
—Es una persona destacada a quien yo le tengo mucho respeto. Es el empresario más importante del Perú, y ha hecho importantes contribuciones al desarrollo del país sobre todo –yo diría la más importante- esa visión que tuvo para adaptarse a las condiciones tan difíciles que planteo Velasco Alvarado al no deprimirse como muchos empresarios, sino en reconvertirse a la actividad industrial con Textiles Piura, que es una empresa líder en el país; y la otra gran iniciativa fue su audacia de disputarle el liderazgo del Banco de Crédito a los capitales italianos. Sus méritos tienen una buena dosis de emprendedurismo.
—¿Incluyendo sus reuniones con Montesinos?
—Bueno, yo no soy tan crítico de eso. Yo considero que todos los empresarios buscan estar bien con el poder de turno. Eso es universal. Es verdad que no debería darse para conseguir privilegios (porque eso los convertiría en mercantilistas), pero sí necesitan tener un entorno favorable y que el poder de turno no entorpezca sus actividades. En general, en casi todos los países que conozco, los empresarios tratan de relacionarse con los gobiernos y tener una relación… ehhh… digamos fluida.
—¿Ud. cree en la responsabilidad social de las empresas? Para mucha gente esta no es una función compatible con el lucro.
—Yo sí creo. Justo acabo de estar en Brasil, en una reunión organizada por un grupo de empresarios, y justamente sus metas son ir más allá de lo que dice el paradigma hobbiano de que el empresario sólo debe dedicarse a su interés personal, y así buscar el binestar común. Los empresarios brasileños dicen que esa filosofía ya no funciona. Ahora ellos siguen la corriente de un empresario de origen suizo, Stefan Shmidheyne (dueño de Eternit y fundador de AVINA), en el sentido de que no pueden haber empresas exitosas en entornos fracasados, lo cual quiere decir que uno no puede únicamente dedicarse a sus objetivos individuales sino que tiene que mirar también su entorno, y justamente la responsabilidad social significa preocuparse por los trabajadores, los consumidores, por las comunidades alrededor de las empresas, y por supuesto, por el ambiente y la conservación del planeta.
—Cuál es su apreciación sobre estos últimos conflictos que hemos visto alrededor de las mineras. ¿Por qué estas empresas no han podido liderar el espacio geográfico donde trabajan?
—Si uno hace un análisis histórico, efectivamente, las regiones mineras son las más atrasadas, por ejemplo Cerro de Pasco y Huancavelica. Ha habido una pésima relación entre la minería y el desarrollo, más aún en el modelo de explotación llamado “de enclave”, donde uno empresa no se relaciona con su entorno sino directamente con el mercado mundial, no sólo para vender sus productos sino para importar sus insumos, alimentos, e incluso el personal. Este modelo ha sido pernicioso para el desarrollo nacional, y esta es una de las razones por la que mucha gente tiene desconfianza en la minería. Ahora, digo, eso es lo pasado. Soy conciente que desde hace algunos años la minería está intentando un nuevo modelo de inserción en la economía, y están asumiendo principios de la responsabilidad social, en algunos casos por convicción, y en otros por imposición de sus matrices de origen canadiense, australiano o americano.
—¿Pero no son la mayoría, no?
—Yo diría que algunas empresas están en esa dirección, particularmente creo que Yanacocha está mejorando sus relaciones con la comunidad, tiene mayor número de proveedores, sub contratistas, y una serie de servicios locales. Otro caso, Tintaya. Me consta que hicieron el mayor esfuerzo de relacionarse con su entorno, al punto de firmar un convenio con las comunidades y autoridades locales para una serie de inversiones en la localidad. Pero parece que no fueron los firmantes los que patearon el tablero, sino terceros que no tenía mucho que ver en esta relación, y que movilizaron a la población en contra de la minera. Sobre esto hay razones ancestrales de exclusión, y no me cabe duda que también la proximidad de la coyuntura política alientan intereses ajenos a la población.
PPK las ha criticado de un modo inesperado. ¿Juicioso o irresponsable?
—Creo que tiene razón al decir que las empresas pueden hacer un esfuerzo mayor para compartir la riqueza; sin embargo, el momento en que lo dijo, es decir a pocos días del conflicto en Tintaya, no me pareció lo más oportuno, sobre todo considerando que en el pasado se ha opuesto a cualquier flexibilización en el tratamiento a las mineras, lo cual hace sospechar que tenga algún interés político.
—Estos problemas se presentan también en países como Bolivia, y traen consigo a personajes tipo Humala o Evo Morales. ¿A dónde nos pueden llevar estas ideologías?
—No a buen puerto, definitivamente. Frente a la globalización y al crecimiento acelerado de la economía, esta gente plantea soluciones que han tenido vigencia en las décadas del 60 y 70, y ven como enemigo al mercado mundial. El hecho que tengan cierto respaldo en la población, debe hacernos pensar que todavía existen ciertos fantasmas que hay que apartar.
—¿Evo Morales podría convertirse en un aplicado alumno del “emprendedurismo”?
—(Risas). No, no. Yo creo que tiene un rechazo a las empresas, inicialmente extranjeras; aunque creo que incluso a las de su propio país. Estas expresiones de nacionalismos extremistas han contribuido a dividir a nuestros pueblos desde antaño y no aportan nada al desarrollo.
Cómo ve la administración del presidente Toledo.
—En principio, le estoy agradecido al Toledo por darme la oportunidad de servir a mi país en el cargo de Ministro de Trabajo; sin embargo no puedo desconocer que tiene un divorcio muy grande con el pueblo peruano. Considero que no se ha dado tanto por las dificultades económicas o los programas sociales del gobierno, sino principalmente por algunos gestos han sido mal vistos por la población. Por ejemplo aumentarse el sueldo, no reconocer a su hija, los gastos de Palacio, los viajes excesivos al exterior, Punta Sal…
—Etc., etc, ¿no?
—… Los problemas que tuvo su esposa por lo del Wiesse, su entorno, su familia. Todo esto revela un personaje bastante distinto del que se presentó al pueblo en la campaña. Su alejamiento es tan grande que mucha gente lo ve como alguien que los ha traicionado.
—Sin embargo siempre se espera que los líderes de un país sean un cúmulo de virtudes, ¿no?
—Bueno, si lo comparamos con Uribe en Colombia, o Lagos en Chile, que son líderes con estilos y políticas diferentes, Toledo sale perdiendo, claro. Ellos tienen altísima popularidad en sus poblaciones porque desde un primer momento lograron “enganchar” con ellos, gozar de credibilidad, lo cual no vemos en este gobierno.
Ya que lo menciona, cómo debemos mirar a Chile. No hay reciprocidad en la magnitud del intercambio de capitales. ¿Brazos abiertos?
—Yo creo que el panorama internacional no está enseñando que se están configurando bloques económicos y políticos cada vez más fuertes. Ahí tenemos a la UE, a pesar de sus dificultades, pero sobre todo la insurgencia de países continentes como el caso de China o la India. Entonces, yo creo que el mundo nos está obligando a la formación de bloques, y aquí en esta región no tenemos otra alternativa que la integración de América Latina…
—Pero es que Chile no piensa así, ingeniero…
—No, no. No es cierto. Es verdad, Chile, en los últimos veinte años, ha jugado al llanero solitario, con alianzas con la UE, luego con EE.UU., y ahora con en Asia. Pero en los últimos uno o dos años se ha visto que está nuevamente tratando de fortalecer los espacios regionales. No es casual la elección de Insulza en la OEA, y también la presencia como impulsor de la Comunidad Sudamericana de Naciones. Yo creo que ese el contexto en el cual debemos ver las relaciones Perú- Chile, de fortalecer un polo sudamericano.
El Centro de Planeamiento Estratégico a muchos nos pareció una idea fabulosa para orientar ciertas políticas de empleo. ¿En qué ha quedado?
—Ha sido promulgado por el Ejecutivo el pasado seis de Junio, y eso significa que ha habido la voluntad de cumplir con la quinta política del Acuerdo Nacional. Yo renuncié en diciembre del año pasado en un momento en que se entrampó su discusión en el Congreso. Desgraciadamente no se ha avanzado todavía en el financiamiento y en el equipo de profesionales de alto nivel para conducirlo, pero estoy seguro que traerá grandes beneficios para el país.
—¿Lo veremos candidatear a algo en las próximas elecciones?
—No, yo he dicho ya claramente que no tengo vocación, por lo menos para congresista. No creo tener el ánimo apropiado para esas discusiones sobre leyes y, por otra parte, tratándose de campañas políticas, creo que no lo disfrutaría mucho. No me veo en estos escenarios.
Nunca diga de esta agua no he de beber…
—(Risas). Es verdad, sí, sí. Pero como ya varias personas me han preguntado, yo he tenido que fijar una posición al respecto, y lo digo con total sinceridad. En todo caso, si podría aportar algo a partir de mi especialidad lo haría encantado a través del Ejecutivo. (2005)

domingo, 18 de febrero de 2007

ENTREVISTA A KRYSTIAN COMPLAK



EL JURISTA VENIDO DE EUROPA DEL ESTE


Lleva a todos lados un papelito donde tiene anotados los nombres y apellidos de sus amigos peruanos. “En Polonia sólo usamos un nombre, un apellido, y punto”, se queja en tono de broma en medio de la entrevista. Pareciera –a veces- no recordar los nombres de algunos, a pesar que en muchos casos lleva carteándose con ellos cerca de veinte años. Krystian Complack, reconocido constitucionalista polaco, profesor de la Universidad de Wroclaw, y estudioso de los fenómenos políticos de Latinoamérica, inicia sus contactos con el Perú cuando su país se hallaba sometido al yugo soviético, y el nuestro pertenecía a la línea de un “capitalismo burgués”. “En esa época –recuerda- era inimaginable soñar siquiera con una visita a su país o a cualquier parte de América Latina, salvo Cuba”. Por esta razón inicia correspondencia epistolar con jóvenes juristas del medio, que le alcanzaron datos importantes para profundizar el trabajo que siempre le ha apasionado: el Derecho Constitucional Comparado, en especial los fenómenos de Latinoamérica. “A muchos de ellos recién los he conocido en persona hace muy pocos años, cuando inicio mis visitas a este continente, dictando conferencias”, afirma. De acento claro y “latino” (por sus largas escuchas de programas radiales, en onda corta, que se emitían desde esta parte del mundo), este jurista venido de Europa del Este estuvo escasos días por primera vez en el Perú, “admirando sus verdes paisajes, su cultura, y el cariño especial de su gente”.


—Cómo definiría hoy a Polonia.
—Creo que es un país que está, a pesar del tiempo transcurrido, en plena transformación jurídica e institucional. Nosotros nos anticipamos a la ‘perestroika’ de Rusia, pues en 1980 surgió el movimiento “Solidaridad”, y luego de diez años llegamos a un nuevo régimen democrático liberal; pero resulta que nuestra vía institucional era mucho más compleja: nosotros fuimos el último país de Europa del Este que aprobó una nueva Constitución. Ahora, cuando ya iniciamos esta nueva vida institucional bajo el amparo de esta nueva carta política, tenemos que ver de otra manera las cosas pues desde el 01 de mayo ingresamos a la Unión Europea, y eso implica nuevos puntos de vista constitucionales que ya no concuerdan mucho con el estatuto máximo de nuestro Estado. Esto nos ha creado nuevos puntos de referencia pues cuando se aprobaba la nueva Constitución se sabía que Polonia iba a entrar a la UE, pero no se sabía a ciencia cierta qué tipo de organización se iba a tener al momento de nuestro ingreso.
Por lo menos no implicaba un regreso al viejo socialismo soviético, ¿no?. ¿Hay gente que extraña este régimen?
—Es una pregunta muy pertinente. Hay un acuerdo nacional –digamos, una mayoría del 70%- que no desea un retorno al antiguo régimen, a pesar de lo dificultoso y penoso de la nueva situación económica, que no es de las mejores. Es una suerte de consenso nacional, incluso aceptado por los viejos comunistas pues el nuevo régimen no ha significado para ellos una venganza, salvo, en alguna medida, para aquellos criminales y violadores de derechos humanos, osea, para los malos exponentes de ese régimen.
—Cómo vivió el mundo intelectual la caída del imperio soviético.
—Bueno, creo que tengo algo que contar pues yo estuve en el ambiente universitario. Tenía un amigo muy ligado al Partido Comunista y hasta el último momento –debo reconocer- no creíamos en el cambio, incluso desconfiábamos un poco del movimiento “Solidaridad”, que buscaba democratizar el régimen…
—¿Nunca se afilió Ud. a “Solidaridad”?
—Nunca. Siempre he tratado de mantener mi independencia intelectual y política. En los años del comunismo yo no era miembro del partido y como tal me respetaban, a pesar que yo enseñaba Derecho Político, que era una asignatura muy ideologizada. Sí tuve propuestas, a finales de los ’70, para ser miembro del partido, pero yo les dije que no y me dejaron tranquilo. Lo mismo ocurrió cuando surgió Solidaridad, incluso me lo pidieron un gran número de estudiantes, por mis estudios, investigaciones, etc, pero yo siempre respondía que prefería mantener mi independencia política.
Tal vez le tiene una aversión a la política…
—Yo no tengo aversión pues soy un experto en asuntos constitucionales, y lo constitucional y lo político –Ud. sabrá- están muy ligados.
—Por supuesto. Por cierto, qué ha sido de Lech Walesa. Él llegó al poder con cerca del 80% de aprobación, y en las últimas elecciones ha resultado con menos del 1% de los sufragios. ¿Cómo se explica esto?
—Bueno, como todo en la vida, se exige una compaginación del tiempo, el hombre y los hechos. Walesa, que era un buen dirigente sindical, cuando ocurrió esta nueva situación histórica ya no pudo captar el “espíritu” de los nuevos tiempos, entonces él se apartó un poco de las nuevas tendencias que se presentaron en la sociedad. Por eso cuando se presentó en las elecciones, donde resultó con el margen que Ud. menciona, ya era prácticamente un discurso del pasado, retrógrado, y por eso cayó tan bajo en las preferencias, pero yo creo que es una persona que puede volver a surgir en un momento de equilibrio político y, por qué no, ser un buen jefe de Estado para Polonia.
—Aunque su partido está terriblemente fraccionado, ¿no?
—Sí, y lo curioso es que él mismo contribuyó a eso. Él mismo se encargó de dividir el movimiento Solidaridad porque era de la opinión de que en el país tenía que haber un pluralismo político, y en ese sentido se crearon diferentes ramas dentro de Solidaridad. Por esta razón los veteranos, los viejos polacos que encabezaron el movimiento, tienen hoy una actitud bastante crítica a la persona de Walesa.
—A pesar que Polonia lleva sólo unos meses en la UE, qué problemas políticos está afrontando.
—En primer término, antes de la entrada a la UE, había dos discusiones importantes sobre el tema. El primero era si se permitía a los ciudadanos extranjeros tomar parte en las elecciones locales (elegir y ser elegidos) en tanto la Constitución de nuestro país consignaba este derecho solamente a los ciudadanos polacos, pero, por la vía de la interpretación constitucional, se aprobó una ley electoral que permitió a los extranjeros tomar parte en las elecciones; luego, otro punto de choque entre nuestra Constitución y el nuevo ordenamiento de la UE es el famoso “mandato de extradición”, según la cual nuestra Constitución prohíbe totalmente la extradición de sus ciudadanos a cualquier otro país requirente.
—¿Y Ud. está de acuerdo?, qué pasa si hay de por medio la comisión de un delito…
—Eh… Sí, en principio estamos de acuerdo, pero si tenemos una institución constitucional hay que respetarla, o, en todo caso, cambiarla. Ese es un problema también en otros países, por ejemplo, en Alemania tenían el mismo precepto, y tuvieron que cambiar su Constitución. Polonia ha preferido mantener su interpretación constitucional.
—Qué otros temas se están discutiendo en materia de Derechos Humanos.
—Polonia ha aceptado, en términos generales, el convenio europeo y sus protocolos. Más bien, a nivel de la jurisdicción constitucional algunas cosas van a cambiar. El problema es que los tribunales constitucionales, como orgullo institucional de la nueva democracia, no tienen la competencia para enjuiciar, para evaluar, para comprobar, la conformación del Derecho europeo con el Derecho interno porque esa cuestión está reservada al Tribunal Europeo de Justicia en Luxemburgo, y él es quien resuelve todos los conflictos posibles entre la ley nacional y el precepto comunitario.
—Pero además existe una segunda jurisdicción, ¿no?
—Sí, sí… En Estrasburgo hay otra jurisdicción de la libertad de los derechos humanos, pero esta jurisdicción crea nuevos problemas para nuestro país, por ejemplo, los relacionados con la privatización de la economía. Polonia es un país muy reacio a avanzar muy rápido en estos temas de la privatización. Acabo de leer un diario esta mañana que dice que el banco más grande de mi país ha vendido 25% de sus acciones, mientras que el otro 75% continúa en las manos del Estado. Nosotros vamos poco a poco en estos temas. Digo que esta jurisdicción puede afectarnos pues, por ejemplo, hace unos meses decidió que un ciudadano polaco (en realidad 70 mil ciudadanos), que dejó sus bienes en la parte oriental de Polonia (Ucrania, Lituania) para viajar a las tierras de Occidente, y con la promesa de las autoridades –a través de un Convenio Internacional- de recibir un resarcimiento, se encontraron con que el Estado no cumplió satisfactoriamente. Estos ciudadanos presentaron sus demandas ante la corte de Estrasburgo y ésta les dio la razón, dijo que el Gobierno polaco debe satisfacer de manera real los problemas de la gente que perdieron sus bienes en virtud de los tratados; pero sucede que esos tratados no han sido ratificados. Han sido publicados pero no ratificados, y nuestra legislación exige este requisito para la validez de los mismos.
—Cuál es la reputación del sistema de justicia en Polonia.
—Son temas muy delicados. Como en todo el mundo la justicia atraviesa problemas muy graves, relacionados con los procesos de globalización y la internacionalización del crimen. Esto provoca también que los procesos de transformación política no tengan un ambiente propicio para desarrollarse, y surjan así muchas fortunas mal habidas que indignan a la población. En este sentido, se reprocha a la justicia de mi país que no es capaz de hacer frente a esos nuevos fenómenos de una manera eficiente y rápida. Yo diría que el problema de la evaluación de la justicia es muy grave en Polonia, la gente desconfía en un gran porcentaje…
—¿Será como aquí en más de un 90%?
—Nosotros no llegamos a tanto, pero se podría decir que la mayoría desconfía de la justicia por estos problemas que le estoy comentando. La justicia, además, está un poco atrasada y eso crea un malestar en la población que reclama cada vez una reforma de la justicia.
Y en cuanto a los abogados polacos, ¿mejores noticias?
—Supongo que se refiere no solamente a los defensores en ejercicio sino a todo aquel que interviene en la administración de justicia. Hay jueces, fiscales, y defensores en ejercicio, y la peor reputación –definitivamente- la tienen los defensores en ejercicio, los litigantes; esto porque la población siente que ellos apoyan de alguna manera el crimen y entran a veces en conflictos éticos con el sistema de justicia. Esto no quiere decir, sin embargo, que no haya buenos y prestigiosos abogados.
—Cómo está viendo el lugar que le da Europa del Este a Latinoamérica, según sus propios intereses.
—Es un problema muy delicado. Yo desearía que Latinoamérica ocupara uno de los primeros puntos de interés. Lo que pasa es que hoy en día Europa está bastante concentrada en sí misma, ocupándose de sus procesos de unificación, de ahí que no tenga vínculos muy estrechos con América Latina. Yo creo que la UE ganaría mucho si mirara con más atención este hermoso continente, que nosotros llamamos cariñosamente “continente verde”.
—Ud. lleva muchos años estudiando los procesos políticos en Latinoamérica. ¿Podría citar algunos defectos que expliquen la actual situación?
—Bueno, desde un punto de vista político, me parece que hay muchas corrientes que, en muchos casos, son fundamentalistas con su pensamiento y no guardan mucha tolerancia con otros grupos; me parece un defecto de Latinoamérica pues puede provocar crisis y malestares sociales. Los políticos deberían ser más respetuosos con las opiniones distintas. Otro fenómeno que puedo citar es la frondosidad de sus legislaciones, Uds., por ejemplo, tienen más de 20 mil leyes, y eso me parece una cantidad extrema, incluso para cualquier jurista.
—El presidente del BID ha dicho recientemente en Argentina que “la situación de desamparo social en que se encuentra gran parte de la población podría alentar creencias contrarias a la democracia como sistema político”. Y que la inequidad social podría llevar a muchos a pensar que tal vez haya que sacrificar la libertad para poder comer o tener una mayor tranquilidad económica. ¿Qué opina Ud?
—Bueno, no creo que sea una solución. Siempre que uno entra en la senda de la violencia, del autoritarismo de Estado, trae repercusiones de igual naturaleza. En Polonia también hay un importante sector que preferiría una tiranía antes que una democracia porque añoran una cierta comodidad jurídica y económica. La democracia es un régimen no del todo ideal, pero es la única que nos garantiza las libertades para enfrentar los problemas. Me parece que hay que buscar, siguiendo el ejemplo de la UE, una unión latinoamericana que los refuerce en el campo de la economía, en lo jurídico, en lo social. Ustedes deben volcar sus esfuerzos en estos temas de unificación en lugar de imponer mano dura en la política.
—Un pensador dijo, seguramente con una dosis de ironía o de realidad, que la democracia es el sistema que permite que los ciudadanos elijan a sus propios sinvergüenzas. ¿Qué es para Ud. la democracia?
—(Risas) Para mí la democracia es un sistema de equilibrio, de equilibrio entre diversas fuerzas de la sociedad que no siempre están en un plano ordenado, por eso a veces no resulta del todo eficiente y la gente desconfía de ella. Los regímenes autoritarios pueden ser eficaces, pero al precio de sacrificar libertades individuales. Las democracias garantizan la libertad pero son menos eficaces. Pareciera que el hombre, cuando no siente el látigo por encima de su cabeza, tiene esa tendencia a apartarse del rumbo asignado por un sistema democrático. Aquí es muy importante la educación, nosotros todavía no somos capaces de guiarnos por propia conciencia en las cuestiones políticas, económicas, etc., sólo algunas capas de la sociedad pueden hacerlo, y en ese sentido, la democracia tiene defectos, pero hasta ahora no hay forma de sustituirla de un modo más eficiente. Probablemente por el problema del terrorismo internacional se hagan algunos ajustes políticos y de seguridad, pero esa es una respuesta que todavía no tenemos del todo claro.
—Gracias por su tiempo profesor Complak, no sé si tenga algo más que agregar.
—Mi más sincero agradecimiento a todos los peruanos por sus atenciones, y en particular a mis amigos del mundo jurídico que he podido conocer en esta breve estancia en su país. La amistad que he podido encontrar fuera de la capital es muy especial para mí –seguramente porque las cosas en Lima van muy rápido- pero, en Trujillo, he recibido un cariño, una ternura, verdaderamente inmerecida con mi persona. Muchas gracias. (2004)


lunes, 12 de febrero de 2007

ENTREVISTA A MARÍA ZAVALA



LA DAMA DE LA CORTE


Se inicia en la judicatura hace más de 25 años en la Fiscalía de la Nación, como integrante del pool de fiscales auxiliares de nivel provincial. Para entonces, ya tenía decidido que quería dedicar su vida a los tribunales, así que no le costó mucho desempeñar sus funciones en Ayabaca, Sullana e Iquitos. “Por el contrario –dice- me sentía muy cómoda en esos lugares porque la gente es muy hospitalaria, cálida y abierta”. Una experiencia importante en su carrera fue cuando ingresó al Primer Juzgado de Paz Letrado de Maynas, en la Corte de Loreto, “pues de allí tengo mis mejores recuerdos no sólo por asuntos profesionales sino también personales. Además, como soy Talareña, tengo la sangre caliente”, cuenta. No es sino hasta el ’94 que nuevamente regresa a Lima, esta vez como Vocal Superior Titular. María Zavala Valladares, sanmarquina de corazón –“al mil por ciento”, dice-, devota del Señor Cautivo y enamorada de las playas del norte, tiene ahora la misión de conducir la Corte Superior de Justicia de Lima, y en esta entrevista promete no defraudar.



—Dra. Zavala, qué se siente estar al frente de la Corte más importante del país siendo una mujer.
—Siento que es un gran reto, el cual asumo con mucha responsabilidad pues me exijo mucho más. Lamentablemente en esta sociedad las mujeres debemos trabajar el doble para que se nos reconozca pero, afortunadamente, en la Corte de Lima contamos con gente de primera que nos apoya.
—Se lo preguntaba porque todavía sorprende que una mujer ocupe un cargo de tanta responsabilidad. ¿Le incomoda este tipo de comentarios machistas?
—Fíjate que no, no me incomoda pero sí trato de demostrar que a veces están equivocados. Creo que soy de una generación afortunada porque no hemos tenido muchos obstáculos para llegar a donde estamos. Tengo la obligación de responder a lo que la sociedad me dio, la sociedad me preparó y es mi obligación estar a la altura de sus exigencias.
—Qué bueno porque el Derecho todavía, en términos generales, está dominado por los machos…
—Bueno, a nivel nacional somos el 38% de damas en el P.J., y el mayor cargo los ocupamos en las instancias inferiores, por el momento (sonrisas). En la Corte Suprema actualmente contamos solo con una mujer, la Dra. Elvira Vásquez, pero tenemos confianza en que los años venideros se incremente la cuota de participación femenina en los estratos judiciales.
—¿Por qué eligió esta profesión?
—Yo elegí ser abogada a los 12 años más o menos, y eso que en mi familia el único referente que tenía era mi primo Juan Carlos Zavala, que era uno de los mayores que había estudiado Derecho. Recuerdo que en Talara mi maestra, Constanza Hoyle, siempre me decía “Zavala, tú vas a ser abogada” porque defendía a mis amigas cuando consideraba –en mi mente infantil- que ella imponía un castigo injusto a una de mis compañeras; y así poco a poco me fui inclinando a esta rama. Mi ingreso a la judicatura sí fue algo circunstancial tal vez. Yo hice prácticas en el P.J., y yo digo siempre que cuando uno se pone la camiseta del P.J. ya es bien difícil sacársela. Me inicio como practicante meritorio en un juzgado, luego en un Sala penal, y allí me fue interesando la especialidad, y decidía que era lo que yo quería hacer.
—Hemos leído sus propuestas de trabajo para asumir el cargo, y lo que me vino a la mente fue si no era demasiada retórica para los dos años que durará su gestión.
—Bueno, hay planes que se tienen que dar en el corto, mediano y largo plazo, así se ha concebido. Yo sé que en algunos puntos voy a sembrar la semilla, que creo es también importante: Que las gestiones venideras puedan continuar lo que uno ha sembrado en el relativo tiempo que uno pueda estar en el cargo. Sé que es un trabajo difícil, pero pondremos nuestro mejor empeño, y prometo no defraudar.
—Qué significado tiene para Ud. la autonomía, en un sentido práctico.
—Ser nosotros mismo, así de sencillo.
—Y en iguales términos cómo calificaría la gestión del Dr. Mansilla.
—Fíjate que yo conozco al Dr. Mansilla desde mi adolescencia, es un amigo de la familia y le tengo mucho cariño, pero creo que a su gestión le faltó un poco más de dinamismo, a pesar de ser una persona muy bien intencionada. Por ejemplo, le faltó mayor apoyo a los programas de juzgados de paz en las comisarías, que es algo que a mi me parece fundamental.
—Qué acciones va a tomar contra los jueces corruptos.
—Erradicar la corrupción es el sueño de todo presidente, y de toda autoridad, ¡y de todos los peruanos!, finalmente. Yo me he propuesto sancionar severamente la corrupción en al P.J., y por ello estamos reuniéndonos con ODICMA, a efectos de desplegar un plan agresivo en esta Corte.
—Cómo debe actuar un juez frente a las presiones.
—Mira, un juez debe desecharlas, evidentemente. Eso fue dicho incluso por el Presidente de la Corte Suprema en su discurso del año judicial: no se permitirá ningún tipo de injerencia, sea de índole que sea.
—Ahora, nunca se habla de incentivos a los jueces, por ejemplo a los más probos y a los más honestos. ¿Ud. cree que deberían considerarse estos temas?
—Yo creo que la probidad y la honradez son cualidades que debe tener necesariamente un magistrado. Yo trabajo no por incentivos, yo trabajo porque me gusta, porque quiero a la institución y me identifico con ella. El mejor incentivo podría ser, por ejemplo, la capacitación, pagarle un curso en ESAN, una maestría, concederle becas, etc, podría ser; pero de allí más no creo, sinceramente. Que me reconozcan porque trabajo, pero si mi obligación es trabajar, que me reconozcan por cumplir los plazos procesales, pero si es mi obligación.
—Cuando Ud. defendió la resolución de la jueza Antonia Saquicuray por el caso Mufarech, ¿lo hizo por una cuestión de género?
—No, no, no, de ninguna manera. Yo en realidad lo que defiendo es la independencia del magistrado. Lo defiendo y lo voy a defender donde vaya, aunque de repente no concuerde con la resolución. Yo acepto que critiquen nuestras resoluciones, en las universidades, en la prensa, etc., pero que se res-pe-te. Lo que no podemos permitir es que no se respete una resolución. A las finales, fíjate, sobre esa resolución, el abogado del congresista, muy alturadamente dijo que había planteado las acciones que corresponden a todo aquel que no está de acuerdo con una resolución.
—Defenderá entonces ardorosamente todas las resoluciones de los magistrados de su judicatura…
—Por supuesto, siempre voy a defender las resoluciones no solamente de la Corte de Lima, sino también de los magistrados de Piura, de Loreto, etc. Lo que defenderé es la independencia del magistrado. Hay temas debatibles, hay temas en que para un magistrado esto es A, y para otros es B porque la misma norma no te da una visión tan clara.
—Pero en el caso de Mufarech, la norma parecía bastante clara, según el art. 93 de la Constitución tenía que pasar necesariamente por el tamiz del Congreso…
—Fíjate, a pesar que unos dicen esto, también hay otra corriente que es la tesis que postula la jueza Saquicuray. Yo creo que hay que saber respetar las ideas, de repente pude uno no compartirlas, pero hay que respetarlas.
Correcto. Qué críticas le haría al sistema anticorrupción.
—Creo que hay que dotarlo de más herramientas, por ejemplo para el caso de los testigos, de los arrepentidos. Cuando hemos estado en el sistema anticorrupción hemos visto, por ejemplo, un caso patético, de un colaborador eficaz por cuyas declaraciones se abrieron varios procesos. Pasaron como 5 fiscales, y hasta la fecha no le han resuelto su colaboración eficaz. Entonces, este señor, cuando me entrevisté con él, me contó su caso, y me dice que si bien gracias a sus declaraciones se han abierto procesos A, B, C, él mismo está en uno de esos procesos y su colaboración eficaz hasta ahora no la resuelven. Esta es una de las flaqueza, entre otras por supuesto.
—Un último sondeo de la CAJ, habla de que más de un 80% de la ciudadanía desaprueba a los jueces y no les guardan mucha estima. ¿Cómo toma Ud. esas cifras?
—Con preocupación, obviamente. Ceriajus ha hecho un buen trabajo, por ejemplo, y vamos a empezar a aplicar algunas de sus recomendaciones, a efectos de que la administración mejore tanto como el acceso a la justicia.
—¿Se arrepiente de algo en su vida profesional?
—(Piensa). Tal vez por no haber salido al extranjero a prepararme. Pero de ahí… (piensa)…, no, no.
—¿Dice Ud. muchas mentiras, doctora?
—No, no soy de mentiras. Me gustan las verdades, soy muy floja para mentir.
—¿Cuántas veces se ha enamorado?
—Tres veces.
—¿Un chocolate, un poema, o una flor?
—Una flor… y un poema.

—¿Le han dicho alguna vez que tiene Ud. unos preciosos ojos de gata?
—(Sonrisas). Muy amable, gracias…
—… Y esperamos que tenga muchas vidas para afrontar los problemas en el P.J. Muchas gracias a Ud. (2005)